Una noche de fiesta



Tras derrotar a la "U" de Conce y coronarse campeones de la LNB, los jugadores, cuerpo técnico y directivos del Club Deportivo Valdivia iniciaron una larga celebración. Merecida, desatada, con toda la afición y también íntima. Aquí detalles de una noche de Copa...
 
Primero, todo se concentró en el Coliseo, en medio de las más de cinco mil personas que presenciaron el partido que consagró a los flamantes campeones. Todos se confundieron en la cancha, vestidos de rojo y de blanco, con banderas valdivianas y cánticos al por mayor, que cayeron desde las butacas y las galerías de la Catedral del básquetbol chileno. Hasta que vino la entrega de las medallas, de la copa, y la vuelta olímpica. Nadie quería irse. Todos buscaban una foto, un recuerdo, un abrazo con los nuevos monarcas de la Liga Nacional.
 
Después, en dos carros de bomberos el plantel completo fue llevado primero hasta la Costanera, donde se encontraron con los miles que siguieron el partido en la pantalla gigante instalada por la Municipalidad de Valdivia en el helipuerto. Y el carnaval continuó en la Plaza de la República, donde otra marea albirroja recibió a los campeones y al trofeo, en medio de gritos, caravanas de vehículos, bocinazos y el tradicional "dale campeón" sonando repetidamente. Tanto fue el entusiasmo, que Durrell Summers regaló sus zapatillas a un par de afortunados fans. La fiesta fue de todos.
 

El paseo del campeón.
Apenas terminó le premiación en el Coliseo, el plantel comandado por Manu Córdoba partió primero a la Costanera y luego a la Plaza de la República, para compartir la victoria con su gente. (Foto: Miguel Bustos - Agencia Uno - LNB)

Festejo íntimo
Luego volvieron al Coliseo, ya vacío, para por fin tomarse una foto, con todos los integrantes del CDV y esa copa que tanto costó ganar. Sin público, tal como iniciaron la campaña, en el mismo lugar en que a principios de la temporada trabajaban en silencio, jugaban con apenas un puñado de incondicionales hinchas en las tribunas y donde terminaron respaldados incondicionalmente por un ejército de fanáticos.
 
Tras eso, al fin una ducha  -más merecida y necesaria que nunca- en un camarín que aún olía a champaña. Adios al uniforme, bienvenida la ropa de calle y al festejo íntimo. Primero en el Bunker, ahí en isla Teja, donde en una larga mesa saciaron el hambre, bebieron cervezas y vieron repetido el partido que los inscribió en la historia. Los extranjeros Summers y Arnold Louis fueron los que más disfrutaron con cada jugada, tapón y canasta, bromeando permanentemente entre ellos y con uno de sus más cercanos, el "chapa" Suárez. Encabezando la mesa, el DT Manuel Córdoba, escoltado por el presidente del club Carlos Kustmann, el directivo Humberto Escobar, y Max Rodríguez, audaz y silenciosa pieza en el armado de este CDV campeón. El más inquieto, Claus Prützmann, que se movía de un lado para otro, compartiendo con sus compañeros y también con los pocos hinchas que llegaron al lugar.
 
Finalmente y salvo el coach, todo el joven plantel valdiviano partió en masa de vuelta al centro de la ciudad. Esta vez, a Espacio Murano, donde los recibió el ex jugador del CDV Felipe Ziegele, administrador del local nocturno. Y también una enloquecida y enfiestada concurrencia, con la alegría característica de la juventud, que en medio de la música saludó, felicitó y agradeció a los flamantes campeones. Les cantaron hasta bien entrada la madrugada, incluso con el local ya cerrado, y no se cansaron de brindar por ellos.
 
Fue una noche para celebrar. Bien merecido se lo tienen.
 
El Buker del CDV. El equipo tenía sed y especialmente hambre. Sí, tal como en la cancha. Pero ahora para recuperar energías y celebrar la victoria, ya bien pasada la medianoche.
 
 
Diego Sáez M. - CDVweb

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